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Un pacto de ‘película’ para recuperar los diamantes de Eva Perón

29 de junio de 2011

Eva Perón, la populista primera dama argentina que presumía sin ruborizarse de origen humilde a la vez que lucía valiosas joyas, nunca hubiera imaginado una historia tan peliculera alrededor de una de sus preciadas piezas, una tiara de diamantes valorada en 4 millones de euros que le regaló allá por los años 50 del pasado siglo el rey de Holanda. La policía española, con ayuda de sus colegas italianos, consiguieron recuperarla el pasado 21 de mayo de la caja fuerte de la habitación 210 del Hotel Silver, de Milán, uno de esos hospedaje de lujo que tanto gustaban a la fallecida lideresa sudamericana. Y todo tras más de dos años de estar perdida y unas pesquisas que incluyeron un pacto con los familiares de los presuntos autores para localizarlas.

Todo empezó en el ya lejano año 2006, cuando dos apuestos jóvenes que dijeron ser italianos se presentaron en la Joyería Sofía, en la Plaza de la Reina de Valencia, con la idea de adquirir varias joyas. Así lo hicieron en tres ocasiones, dejando encima del mostrador en metálico nada menos que 20.000 euros. Con este importante desembolso, ambos  consiguieron ganarse la confianza de la propietaria, Sofía Monteagudo, que vio en ellos lo que no eran: buenos clientes. En realidad se trataban de Gojko y Tomislav Jovanovic, miembros del clan serbocroata Jovanovic, un grupo familiar especializado en estafar a lo largo y ancho de media europa por el procedimiento del rip deal (un ‘timo de la estampita’de alto standing) y que estaban preparando el que finalmente sería uno de los golpes por este método más importantes de Europa por la cuantía de lo sustraído.

Así, tres años después, los dos jóvenes volvieron a entrar en la misma joyería. Esta vez no eran ellos los que querían adquirir joyas, sino que actuaban en nombre de un supuesto jeque de Abu Dhabi llamado Mohamed Abdils, empeñado en gastar su fortuna comprando diamantes de todos los tamaños para las esposas de su harén. Empezaba la estafa con todo el despliegue que requiere un golpe de estas características y que incluyeron lujosas habitaciones de hoteles, limusinas blancas, cenas de cinco tenedores y una mujer cubierta con un niqab, la vestimenta rigorista musulmana que sólo permite ver los ojos de la fémina (en la imagen su llegada junto al falso jeque a uno de los hoteles). Así, los estafadores acordaron una primera reunión en el lujoso Hotel Las Arenas de la capital valenciana entre el falso magnate, su secretario y la confiada joyera, en la que propusieron a ésta adquirirla joyas por valor de más de 10 millones de euros. Días más tarde, en una nueva cita, un supuesto gemólogo del falso magnate árabe estudiaba las joyas ofrecidas por la joyera para certificar su valor, entre ellas una diadema que había pertenecido a Eva Perón y que estaba valorada en más de 4 millones de euros.

Finalmente, el 17 de diciembre de aquel año, víctima y estafadores quedaron en un despacho que habían alquilado los miembros del clan en el centro de negocios de Valencia para contar el dinero y cerrar el trato. Allí se escondía el truco. Durante siete horas fueron contando los fajos de billetes que, después, un miembro de la banda guardaba en una cajón de una mesa. Lo que no sabía la empleada de la joyería que acudió a certificar el recuento, es que en un doble fondo del mueble había escondido un delincuente que cambiaba los fajos de billetes auténticos por otros que sólo tenía como moneda legal el primer y el último billete. El resto eran fotocopias con el símbolo de una cadena de comida rápida. Tras contar el dinero e introducir los fajos ‘de pega’ en una maleta, la comitiva se dirigió a la joyería a retirar las preciadas alhajas. Allí, la propietaria quiso echar un último vistazo a los billetes, y el jefe y su secretario decidieron rematar la faena a golpes y llevándose las joyas, valoradas en 10,5 millones de euros, por las bravas.

A partir de ese momento, comenzó una investigación en el que gracias a las cámaras de seguridad de los hoteles y las 16 huellas dactilares encontradas en la maleta que contenía los billetes de ‘mentirijillas’ se pudo identificar meses después al falso jeque y a su solícito secretario, que resultaron ser otros dos miembros del clan, Miroslav Dragutinovic y Nenad Nikolic. Gracias a una orden internacional de búsqueda, Dragutinovic pudo ser arrestado en julio de 2010 en Milán por agentes italianos. Un mes después caía en un control de carreteras en la localidad de Rivalta, cerca de Turín, Nikolic. En marzo pasado también cayeron en Suiza y Francia los dos ganchos, Gojko y Tomislav Jovanovic. Extraditados todos ellos a España, sólo quedaba encontrar las joyas.

No fue fácil. Los detenidos optaron por el silencio y tuvieron que ser otros miembros de su clan, todos ellos residentes en Italia, donde no actuaban los que condujeran hasta las alhajas. Eso sí, sólo después de ver que la Policía de aquel país les acosara a preguntar sobre el botín. Así, uno de los Jovanovic entró finalmente en contacto con los agentes de la investigación para proponerles un trato: estaban dispuesto a revelarles donde estaba parte del botín a cambio de una condena más ‘suave’ para los arrestados . ¿Por qué no todo el botín? El clan aseguró que parte de lo robado ya no estaba en su poder y que les era imposible recuperarlo. Tras dar su visto bueno el juez de Valencia que instruía el sumario por el robo y del fiscal, los agentes aceptaron cerrar un trato.

Así, el pasado 18 de mayo, los Jovanovic vuelven a telefonear a los agentes de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) y se mostraron dispuestos a hacer la entrega, pero conuna condición. No podía ser en España, ya que temían que durante el traslado de las piezas a Madrid pudieran ser asaltados o detenidos, y por ello fijaron como lugar de entrega Italia y, más concretamente, Milán. Una vez allí, y con la colaboración de los Carabinieri, los policías españoles fueron recibiendo diferentes llamadas que les condujeron finalmente a la habitación 210 del Hotel Silver, en la Vía Riccardo Lombardi de la ciudad. Una vez dentro, una última llamada del clan les informó que el botín estaba en la caja fuerte de la estancia y cuál erala clave para su apertura. Efectivamente, allí ecnontraron la diadema de diamantes de Eva Perón, un par de pendientes y dos anillos. Todo ello valorado en cerca de 6 millones de euros. Ni la populista primera dama de Argentina hubiera imaginado un final así para la ‘película’ de su valiosa joya.

 

4 comentarios leave one →
  1. 29 de junio de 2011 9:13 pm

    Antes de escribir un articulo lo minimo que se debe hacer es investigar un poco, aunque sea lee Wikipedia para saber realmente quien fue Evita, algunos periodistas de este diario son lamentables.

  2. 29 de junio de 2011 9:59 pm

    No creo que en tu funeral se derramen tantas lágrimas de oprimidos como pasó con el de Evita.

    Pensalo antes de andar juzgando tan livianamente supuestas contradicciones, fijate lo que la querremos que algunos nos registramos en esta página sólo para reivindicar su memoria.

    Por lo demás, buena nota e interesante historia.

  3. 30 de junio de 2011 3:06 pm

    MMM, Rey de Holanda ? Años 50 ?

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